Registrar entre los cajones de la habitación, revisar los accesos a internet, conocer con quién va o a qué se dedica nuestro hijo preadolescente son situaciones que implican curiosidad y juicios de valor de los padres si no están justificados por la preocupación o sospecha de que algo pasa.
La curiosidad por sus cosas sin más no está justificada. Si tu hijo te encuentra cotilleando en su habitación, puede suponer la pérdida de su confianza en tí. Su intimidad merece el mismo respeto que la tuya y eso supone respetar los espacios de cada uno. Deja cierto espacio para su privacidad y dale confianza para que sea él quién se vaya abriendo para contarte sus cosas.
Sólo en los casos en los que piensas que está en peligro o sospechas que puede haber algo relacionado con sexo, drogas o alcohol que necesita de tu intervención, tienes licencia para buscar las pruebas que certifiquen tus sospechas. No es habitual que los padres busquen entre las cosas de sus hijos, si no es porque hay alguna razón de peso para hacerlo. Si necesitas saber qué problemas puede tener, esta es razón más que suficiente para que nada más importe.