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0 respuestas | Yos | 18/08/2010
 

Los cambios emocionales en los preadolescentes

Escrito por educaKids.com | Han opinado 0 usuarios

La preadolescencia es una etapa del desarrollo infantil en la que a muchos padres les gusta disfrutar de esta condición. Atrás quedaron las noches en vela, los cuidados y atenciones infantiles y aún no sufren los problemas que acarrea la adolescencia. Sin embargo, en este período los niños están experimentando importantes cambios en su vida y deben convivir con una situación en la que se sienten niños y adolescentes al mismo tiempo.

Muchos padres coinciden al afirmar que una de las principales causas de conflicto y problemas en la familia proviene del sentimiento malhumorado que continuamente acompaña a su hijo.

Los padres deben ayudar a sus hijos preadolescentes hablando con ellos sobre su desarrollo emocional y físico. Eres su mejor apoyo para ayudarles a comprender y a adaptarse a estos cambios. Normalmente la información que reciben sobre estos cambios proviene de sus amigos o compañeros de colegio que, como ellos, están desconcertados y no saben mucho.

Los arrebatos emocionales son habituales

A pesar de que la mayoría de los adolescentes habitualmente suelen ser calmados, predecibles y decididos, sin embargo, muchos padres perciben a sus hijos emocionalmente muy variables. Y es cierto. Viven un momento de confusión en el que sufren cambios físicos importantes, su mundo exterior les reclama que crezcan y su mundo interior que sean más independientes y se desvinculen emocionalmente de sus padres. Tampoco ellos lo tienen nada fácil y, por ello, debemos mantener la calma y una actitud tolerante y comprensiva.

Entre los 11 y los 14 años a menudo se irritan y excitan con facilidad y por lo general tienen dificultades para controlar sus sentimientos. Son varios los factores responsables de estos sentimientos, entre ellos:

  • Cambios físicos y hormonales.

  • Dieta no suficientemente equilibrada.

  • Descanso insuficiente.

Cuidando su dieta y procurando que duerma, podemos ayudarle a atenuar su irritación y la tendencia a salirse de tono.

A medida que vayan creciendo y acercándose a la edad adolescente, se sienten presionados por los adultos. Sus expectativas sobre ellos cambian, les ven más mayores y esperan de ellos que se comporten como adultos. Esto añade presión al preadolescente y puede provocar una crisis emocional.

Entre las principales preocupaciones de los adolescentes en los primeros años están aprender a comportarse en público, a ser admirados y reconocidos (sobre todo por el sexo contrario) y saber de qué hablar. Completar este aprendizaje les genera mucha tensión, inseguridad y nerviosismo. Así que no es raro que si siente que ha metido la pata, se desestabilice emocionalmente poniéndose a llorar, dé un portazo o, como dicen ellos, "se deprima".

Las reglas

Cuando los padres ponen límites o establecen reglas normalmente los adolescentes se rebelan con un ataque emocional. De hecho, ésta es la raíz de la mayor parte de los problemas entre padres e hijos. Los padres sienten que sus hijos no tienen todavía la suficiente responsabilidad sobre las cosas y los hijos se quejan de que sus padres les siguen tratando igual que cuando eran pequeños.

Ciertamente es difícil establecer un equilibrio que dé autonomía, cierto grado de libertad para aprender responsabilidad y mantener el control sobre los comportamientos potencialmente peligrosos. Sin embargo, aquellos niños a los que sus padres permiten habitualmente y desde pequeños tomar ciertas decisiones suelen tener menos problemas cuando alcanzan la pubertad.

Los niños quieren tomar decisiones que sean acertadas para ellos y para sus padres. Tus consejos pueden ser necesarios para hacer algunas de estas elecciones, pero también para ayudarles a tomar sus decisiones.

Por eso, es conveniente que durante el desarrollo de los niños les dejemos tomar determinadas decisiones adecuadas a su edad. Por ejemplo, con 4 años podemos dejarle decidir qué ropa se va a poner, a los 8 años si quiere apuntarse a algún grupo, o decidir cuando hacer las tareas con 11 años, de tal forma que cuando llegue a los 15 años le sea más fácil tomar decisiones responsables y que reclamen menos libertad, porque ya la tienen.

Por el contrario, los padres que han controlado cada aspecto de su vida y comportamiento, se van a enfrentar con una demanda de mayor libertad, dolores de cabeza y preocupaciones. Como no están acostumbrados, no están preparados para tomar las mejores decisiones. Cuando se ha dado este caso, lo mejor es compartir la toma de decisiones, estableciendo algunas pautas, pero dejándoles claro que son los padres los que controlan todavía ciertos aspectos de su comportamiento.

Las reglas le proporcionan una estructura y le ayudan a decir no en determinadas ocasiones, incluso a sus amigos. Es importante que establezcas reglas que sean justas. En ocasiones deberás ceder en algunas de tus condiciones, sobre todo las que tienen que ver con la imagen. Puedes admitir y negociar que se ponga una ropa que no te convence demasiado, pero no la hora de llegada a casa. Es cuestión de sopesar y poner tu energía en las cuestiones importantes.

La influencia del grupo

Los padres suelen mostrarse preocupados por la influencia que tienen los amigos de sus hijos, olvidando el efecto positivo que tienen en la vida del niño. Tener amigos enseña al niño a probar nuevas formas de comportarse y a saber qué es apropiado y aceptable. También les permite sentirse importantes y les genera un sentimiento de pertenencia.

Abrir las puertas de tu casa a los amigos de tu hijo y compartir algunas de vuestras actividades familiares es importante para tu hijo y tú puedes saber con qué tipo de niños se relaciona. No debes monopolizar la relación.

En ocasiones, algunos padres piensan que pierden a su hijo por el simple hecho de que sienten que sus hijos buscan más a sus amigos, cuando lo único que están haciendo es aprender a relacionarse con otras personas diferentes a las de su familia y ampliar sus experiencias.

Tus hijos te necesitan

Recuerda que los niños necesitan de tu aprobación, apoyo, razonamiento y consejos más que los estés controlando. Aunque no lo creas los padres todavía tienen en ellos más influencia que los medios de comunicación o sus propios amigos.

Dar un buen ejemplo es más importante que nunca, por ejemplo, cuando le digas que no debe fumar, te hará más caso si tú no fumas. Normalmente a los padres se les pasa por alto este hecho y sólo se fijan en los nuevos comportamientos en los que cuestionan las cosas aprendidas.

El futuro

Durante estos años, algunos chicos comienzan a tomar conciencia de lo importante que es esforzarse para hacerlo bien en el colegio y sacar buenas notas de cara a su futuro. Hay casos en los que si no se gestiona bien, esta situación puede provocarles ansiedad o estrés.

El papel de los padres en estos casos es el de no presionarles a una determinada vocación. En su lugar es conveniente apoyarles y animarles para reducir estas preocupaciones y trasmitirles seguridad. Pero, ¿cómo?:

  • Analizando los gustos del niño para guiarle en sus preferencias.

  • Anticipándose a sus necesidades e ir desarrollando capacidades y habilidades.

  • Dialogando sobre las ventajas e inconvenientes de las diferentes opciones.

La relación de padres e hijos en las edades preadolescente y posterior adolescencia es siempre difícil, pero no imposible. A menudo perdemos los nervios y la calma. Si te mantienes como su referente, permaneces seguro, empático y firme en tus decisiones, es seguro que conseguirás sobrellevar esta etapa y no recordarla con agobio. Ten paciencia.

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