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2 respuestas | Daniella | 02/01/2013
 

El desarrollo del lenguaje en los niños preescolares

Escrito por educaKids.com | Han opinado 0 usuarios

Poco a poco los niños hacen progresos en la adquisición del lenguaje y continuamente van aprendiendo nuevas palabras. A la edad de 3 años y medio almacenan en su vocabulario de 1.000 a 1.500 palabras, aumentando esta cifra  a las 5.000 palabras a partir de los 5 años.

Este aprendizaje proviene de su relación y de sus experiencias con otros adultos, tanto sus padres como las personas que cuidan de él. Es necesario desarrollar en el niño desde una edad temprana habilidades como las de identificar las letras, los números, las formas, los sonidos, así como las letras del alfabeto y la comprensión de lectura de izquierda a derecha y de arriba abajo.

Aunque aprender e identificar las letras y los sonidos es importante, el factor más importante en el posterior éxito lector del niño es su capacidad oral. La adquisición del lenguaje es el pilar sobre el que se va a asentar el desarrollo de la lectura y está muy interrelacionado tanto con él como con la escritura.

Un duro comienzo

Las dificultades en el aprendizaje del lenguaje vienen con los plurales, los tiempos verbales y las preposiciones. Aprender el castellano no es una tarea fácil, sobre todo por la cantidad de verbos irregulares y por la variedad de vocabulario que tenemos. Los niños cometerán errores como "Yo cabo" o "Yo vengo a la tienda". Ten paciencia porque lo terminará aprendiendo. Recuerda que a veces los adultos también tenemos dificultades para expresarnos.

El uso de las estructuras gramaticales mejora a partir de los 4 años, cuando los niños comienzan a hablar con frases completas. Si a esta edad, vemos que en ocasiones el niño habla como si fuera más pequeño, no debemos alarmarnos ya que puede ser debido a que está cansado y se "abandona" en el uso del lenguaje.

También es frecuente que los niños no recuerden el significado de las palabras y que las mezclen sin saber muy bien a qué se están refiriendo. En tu habilidad para comunicarte con él ya sabrás qué palabras son esas y qué quieren decir.

El uso de las preposiciones es también complicado y las puede mezclar. Un buen ejercicio es coger varios juguetes y colocarlos en diferentes sitios enseñándole las preposiciones. También podéis jugar a la inversa, es decir, que sea el niño el que te diga las preposiciones y tú pongas el muñeco. Recuerda que tiene períodos cortos de atención, así que cuando veas que no está receptivo, es mejor cambiar de actividad y volver sobre ella más tarde.

Aprender el lenguaje

La mejor forma para que los niños aprendan a hablar el lenguaje es hablarles, hablarles y hablarles. Es preciso propiciar momentos en los que al niño se le hable, o esté presente en conversaciones aunque no participe.

El aprendizaje se produce también al escucharnos y cuanto más le hablemos más le ayudaremos. Puede sorprenderte alguna expresión y llegarás a preguntarte ¿dónde ha aprendido eso?. Lo más seguro es que haya sido de tí al escucharte hablar.   

Podemos encontrar niños que cuando un adulto les habla, miran para otro lado, o incluso pueden entender lo que se les está hablando pero no contestan. No debemos preocuparnos si observamos que su relación con otros niños es normal. Ahora bien,, debemos empezar a preocuparnos y acudir a un profesional del lenguaje si nos encontramos con que el niño no mira a los ojos cuando habla, parece no querer comunicarse o si sólo sus padres o cuidadores entienden lo que habla.

Las palabrotas

Las palabrotas son unas palabras que los niños perciben diferentes por el sólo hecho de que cuando las pronuncian la reacción de los adultos es bien distinta al resto. Son muy listos y lo captan a la perfección. Es como si supieran que esas palabras forman parte de una pócima mágica con poderes especiales.

Cuando los niños usan una palabrota no son conscientes de su significado, pero sí de que los adultos les miran y prestan atención de inmediato. Como padres nos sentimos avergonzados, disgustados o incluso culpables y llegamos a pensar que algo no hemos hecho bien, para que hable de ese modo.

Todos hemos pasado por una situación de reunión familiar en la que el niño va y suelta la palabrota. Todos miran al niño y tú quieres que la tierra te trague, además de que te dan ganas de "comerte" al niño por habértela montado. No es todo culpa tuya, el niño continuamente está aprendiendo palabras y ha podido oírla de algún hermano mayor, en la calle, la tele, o incluso se te ha podido escapar sin querer, por eso hay que estar muy alerta cuando está el niño cerca.

Pero volvamos a la escena, ¿cómo debemos reaccionar en este caso?. Lo mejor es no mostrar ninguna reacción y parecer como si no hubiera dicho nada. Al no reaccionar la palabra pierde su valor emocional y de llamada de atención. Puedes ignorar al niño cuando utiliza estas palabras actuando como si dijera otra cosa o distraer su atención. Algunos padres le dicen al niño que en la familia esa expresión no se utiliza, o que eso se dice de otra manera (y se le dice). Remarcando esta segunda actitud enseñas al niño un comportamiento social adecuado y le restas capacidad de atención.

Es increíble cómo los niños son esponjas que absorben ¡hasta la última palabra!. Y tu labor es la de guiar el buen aprendizaje y uso del lenguaje.

Enseñarles a leer

Habitualmente creemos que los niños aprenden a leer a los 6 años, cuando los niños van al colegio. Sin embargo, este proceso comienza mucho antes.

Se debería empezar ya a leer a un bebé de 6 meses de edad. Aunque los niños no saben leer sí que les gusta escuchar el tono rítmico de la voz de sus padres, además les llama mucho la atención los colores de los libros, las texturas, o las actividades de los libros diseñados para ellos. De repente pueden tirar de una página o ver cómo se abre ante sus ojos un troquel. Cuando les damos un libro multimedia quedan fascinados por las musiquitas y ruiditos que llaman su atención.

Cuando están en edad preescolar se implican más en el libro y si lo convertimos en hábito llegan a pedirlo "Porfa, porfa, leémelo sólo una vez más". Y es que los libros dan una extraordinaria oportunidad para fortalecer las relaciones entre tú y tu hijo. La mayoría de los niños adoran el sentimiento de calor y seguridad que les proporciona acurrucarse a tu lado. La combinación del contacto físico, el sonido de tu voz y una historia interesante hacen que estemos ante un momento muy especial que no olvidará nunca.

No les importa que se les lea el mismo libro una y otra vez, escuchando la misma historia aunque se la sepan de memoria. Durante la lectura los niños suelen hacer preguntas sobre los personajes y la historia. También puedes incitarles haciéndoles preguntas sobre lo que ven, parar en un momento el libro y preguntarle lo que piensa que va a pasar a continuación o qué harían si estuvieran en lugar del personaje.

Investigaciones llevadas a cabo con niños preescolares a los que se les ha leído en casa han demostrado que aprenden a leer con mayor facilidad que aquellos niños a los que no se les ha leído.

Consejos para animarle a leer

  • Leer con el niño todos los días (familiarízate antes con el libro). Si lo hace todos los días lo identificará como que es algo importante.
  • Hazlo divertido, con diferentes cuentos, preguntas, hablar mucho, con cariño.
  • Prepárate para pensar en el tiempo de lectura como un momento en el que relajarte, aprender y compartir con el niño.
  • Acompaña la lectura con un público que el niño adora, sus peluches y muñecos.
  • Apaga la televisión y da más importancia a la lectura.
  • Pon libros a su alcance por toda la casa.
  • Trata de involucrarle en la historia y que sea todo muy participativo.
  • Anímale a que sea él quien te lea el cuento. Se puede ayudar de las imágenes para contarte la historia.

Es muy probable que cuando sea adulto no recuerde los regalos que le hiciste por su cumpleaños o en Navidad, pero sí recordará el tiempo que dedicaste a hablarle y a leerle. Es una forma de estrechar los lazos familiares.

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