Los padres y los adultos que cuidan de los niños tienen un papel determinante en el desarrollo social y comportamental de los pequeños tanto a través de la intervención frente a sus actitudes, reacciones y comportamientos, como de manera indirecta a través de su ejemplo.
Es muy importante que los adultos tomen conciencia de las cosas que hacen directa o indirectamente para que los niños aprendan a relacionarse con los demás y desarrollen habilidades sociales que les ayuden en esas relaciones.
Los primeros compañeros de juego
Los adultos frecuentemente olvidamos que los niños son pequeños, faltos de experiencia y que no podemos pedirles comportamientos maduros propios de personas mayores, ya que todavía les queda mucho camino por recorrer.
Al jugar con otros niños, comprobamos que es difícil que jueguen mucho tiempo sin que haya un conflicto y que lo habitual es que el juego acabe en lágrimas o peleas.
A los tres años el niño comienza a descubrir la dimensión social del juego y a participar en lo que se denomina juego asociativo, es decir, el niño empieza a ser consciente de la presencia de otros niños y le gusta estar con ellos. A estas edades los niños se unen en los mismos juegos, aunque cada uno con sus cosas y no es de extrañar que si uno lanza arena con una pala en el parque, inmediatamente los demás hagan lo mismo.
En otras ocasiones, pueden implicarse en otro modo de juego más evolucionado, que se conoce como juego cooperativo. Los niños comparten los juguetes, organizan los juegos y quieren hacer amigos.
La participación de los niños es importante y aunque su amistad no va a ser duradera, está basada en cosas sin importancia como los juguetes, las características personales o el lugar en el que viven. Por eso, si le preguntas al niño ¿por qué Antonio es tu amiguito?, te contestará que porque tiene un camión o porque vive en la otra escalera.
A los 4 ó 5 años empiezan a descubrir a sus mejores amigos, normalmente del mismo sexo y edad similar. Los preescolares son niños que comparten los mismos intereses. Seguro que todavía recuerdas quién era tu mejor amigo a los 4 ó 5 años y guardas un buen recuerdo de aquella amistad de la infancia.
¿Cómo juegan los niños en esta edad?
Los adultos generalmente queremos que los niños sean buenos y se comporten bien cuando estén con otros niños. Y si además comparten sus juguetes y ayudan a otros niños, mejor que mejor. Pero no debemos olvidar que a veces les resulta difícil jugar de manera cooperativa, compartir o ayudarse. Recordemos que son egocéntricos y que es muy pronto para comportarse de forma positiva y adecuada.
Carecen de empatía y no pueden ponerse en el lugar de otro niño u adulto. Incluso a nosotros los adultos nos cuesta ponernos en los zapatos de otros, ¡cómo para pedírselo a un niño de 4 años!. Las experiencias socializadoras son las que van a ir construyendo en el tiempo esta capacidad. Y todavía no ha tenido suficientes experiencias como para imaginar lo que otra persona pueda sentir o pensar. Solamente es consciente de sus propios pensamientos.
Pensemos en la escena en la que el niño le quita un juguete a otro que reacciona poniéndose a llorar. Éste se sorprende, no puede comprender por qué llora, sólo sabe que está contento porque tiene lo que quería. Es incapaz de ponerse en el lugar del otro y comprender su sentimiento de enfado o rabia.
Aprendiendo a compartir, colaborar y ayudar
El niño todavía no comprende los conceptos de bien o mal. Por ello, los padres han de enseñar a los niños a colaborar, ayudar, compartir o ser buenos y esperar a que estos comportamientos se produzcan más adelante.
Es bueno que los padres creen situaciones positivas con otros niños, bien en casa, con otros niños, o él sólo. Para ello pueden buscar compañeros de juego para sus hijos, quedar con los padres de otros niños para que jueguen, llevarlos a natación infantil, ayudarles a introducirse en grupos con otros niños, fomentar que compartan sus juguetes y que utilicen las palabras por favor y gracias.
Enseñarle a solucionar un conflicto
Los conflictos se pueden aprovechar para demostrar a los niños cómo comportarse, hablar o relacionarse. Puedes aprovechar algunas situaciones para enseñarle a llevarse bien, fomentar un buen comportamiento y aplicar un seguimiento con niveles de supervisión interviniendo cuando sea necesario para ayudar a gestionar la situación que se le escapa al niño. Puedes ayudarle en estas situaciones:
- Anima a los niños a que cambien una situación y enséñales a resolver los problemas entre ellos. Háblales de los sentimientos que tienen los dos y dile a cada uno lo que tienen que hacer para ayudar al otro. Es un buen ejemplo que enseña a solucionar los problemas entre dos personas. Por ejemplo, con dos hermanos a uno le puedes decir "Mira échate hacia aquí y deja sitio a tu hermano para que se siente y así tu hermano te puede ayudar a hacer...."
- Podemos ayudar a los niños a ser conscientes de sus sentimientos respecto a las cosas que les hagan otros niños. Por ejemplo, puedes preguntarle que cómo se ha sentido cuando otro niño le ha quitado su juguete, cuando él no quería dárselo.
- Habla con el niño sobre cómo su comportamiento afecta a su hermano o a otro niño. Por ejemplo, si pega a su hermano, su hermano va a llorar y se va a sentir triste. Debes explicarle que él ha causado esa tristeza.
- Habla con él sobre cómo se parecen o se diferencian sus sentimientos y los de otros niños. Por ejemplo, si el niño quiere comer un helado antes de comer y no se lo das, se va a enfadar. Habla con él y explícale que comprendes que se siente mal, pero que no lo puede comer porque se le va a quitar el hambre y que lo tomará de postre. En otro caso, si hay dos niños y cada uno quiere jugar a una cosa diferente, también se van a enfadar. Verbaliza esta reacción explicando que el otro niño está triste porque cada uno quiere jugar a una cosa diferente.
- Explícale al niño cómo te afecta su comportamiento. Debes explicarle que si está enfadado debe hablar contigo y decírtelo, pero nunca gritar ni pegar. Enséñale que si pega a alguien, ésta persona se pondrá triste y hazle saber que no vas a permitir que te pegue o que pegue a otro hermano o a otro niño.
La importancia del entorno familiar
Un entorno familiar con armonía en el que los padres se llevan bien y evitan las discusiones delante de los niños influye positivamente en su comportamiento. Resulta la mejor forma de aprender habilidades sociales sin estrés. Los padres deben ofrecer y transmitir un modelo de relación educado y evitar los gritos o las malas formas entre ellos.
Es conveniente disponer de tiempo de calidad en familia, planificando actividades juntos, jugando en familia, asignando y responsabilizando de pequeñas tareas a los pequeños y siendo muy conscientes de las malas rachas familiares que también afectan a los niños (divorcio, muerte de un familiar, mala situación económica....).
Recuerda además que los niños cuyos padres son más afectuosos, cariñosos y que dedican más tiempo a criarlos son los niños que más comparten, cooperan y ayudan a otros. ¡Anímate a compartir con tus hijos y aprenderán la importancia de ayudar a otros y de compartir!.
Los padres son las personas con más peso en la vida de los niños. Tenemos ante nosotros el reto de imprimir en ellos un buen carácter y mostrarles buenos ejemplos de conducta. Te animamos a que desde muy pequeños les guíes a desarrollar sus relaciones sociales con cariño, atención y tu ejemplo.