Cuando los niños se acercan a los dos años de edad consideran que ya es momento de irse ganando cierta independencia de sus padres, cuidadores o adultos. Es el momento en que empiezan a querer hacer las cosas por ellos mismos, aprender por ellos mismos y tomar sus propias decisiones.
La razón no es otra que se sienten capaces de hacer cosas por ellos mismos y les divierte y encanta intentarlo. Aunque no lo creas, cuando les permites elegir se sienten importantes y están encantados de hacerlo. Nos podemos encontrar ejemplos en la vida cotidiana a la hora de decidir el color del jersey que se van a poner o vestirse por ellos mismos con una pequeña ayuda de un adulto.
Desarrollando su independencia
¿Te empieza a sonar familiar que te diga ¡yo lo hago!?, a pesar de que sabes más que de sobra que no existe la más mínima posibilidad de que lo haga bien. Eso quiere decir que está desarrollando un sano sentido de la independencia.
Lo que no debes hacer es decirle que eso no lo puede hacer, o que es muy pequeño y que le va a salir mal. En su lugar, es mejor que le digas ¡Venga, vamos a hacerlo los dos juntos! ¡Mamá te va a ayudar un poquito y ya verás qué bien lo vas a hacer!. Es importante no dañar su autoestima y recordar lo importante que es para él sentirse importante, valioso y fuerte.
Atentos a las rabietas
A veces como padres nos enfrentamos al dilema de intervenir ante las dificultades del niño, o quedarnos al margen observando lo que está pasando. Ya hemos visto que el niño está feliz con los logros que va haciendo, seguro que se encarga de decírtelo en su media lengua ¡Mamá, mira!. Por eso, es muy bueno que le dejes hacer todo lo que pueda valiéndose por sí mismo.
Ahora bien, debes estar vigilante porque cuando se empeñe en hacer algo, si no le sale, se va a frustrar y en esta edad una frustración desencadena una rabieta. Si no llegas a tiempo, deberás de tomar las medidas necesarias para solucionar la rabieta.
Conoces al pequeño más que de sobra y ya sabes qué cosas puede y no puede hacer. También puedes anticiparte a las cosas que le van a crear frustración, como por ejemplo abrir y sacar la pajita del batido que se va a tomar. Puedes dársela con el plástico un poco abierto para que la saque con facilidad.
También podemos encontrar episodios de este tipo por los juguetes que pueden resistírsele. Si ves que puede desencadenar su frustración, trata de llevar su atención a realizar otra actividad. No siempre funcionará, así que en este caso lo mejor es cambiarle de lugar y exponerle a otra situación. Puedes ayudarle a calmarse verbalizando con voz calmada y cariñosa su sentimiento. Eso ayudará.
A modo de consejo, si ves que hay juguetes que le irritan o le cuesta jugar con ellos es mejor quitarlos de su vista y volver a dárselos pasado un tiempo.
Aprender a obedecer
Los cambios se suceden muy rápido y ves cómo cada día que crece evoluciona más deprisa. En ti ocurre algo parecido, a medida que ves cómo cambia el niño tus expectativas y lo que le exiges también va cambiando. No sólo quieres que aprenda a hacer pis solito, también quieres enseñarle a comportarse en la mesa y aprender que aunque quiera no siempre puede hacer lo que quiere.
Es importante y necesario que aprenda a obedecerte, porque no siempre vas a poder estar encima del niño. En cierto modo, quieres que vaya ganando en responsabilidad y autocontrol y para eso los padres debemos contribuir a que los niños vayan desarrollando su personalidad.
Consejos
Te proponemos las siguientes reglas para conseguir que el niño vaya desarrollando su propia personalidad:
- Capta la atención del niño antes de hablarle. No es conveniente que des las órdenes si el niño está entretenido o está viendo la televisión. Es mejor apagarla, colocarte a su nivel, mirarle y buscar su contacto visual para que te mire. En este momento estará más preparado para recibir el mensaje.
- Cuando no quieras que haga algo, dile lo que tiene que hacer en lugar de lo que no tiene que hacer: Por ejemplo, si quieres que deje los muñecos en un cesto, dile que los ponga en el cesto, en lugar de decirle que nos los deje tirados en el suelo.
- Utiliza acciones o gestos con las palabras: Si quieres que coja algo, no sólo díselo, sino que es mejor que le señales lo que quieres que coja.
- Cuando le pidas algo, es mejor darle la razón de por qué lo quieres: Así comprende la razón de tu petición y le ayuda fácilmente a recordarlo para próximas veces. Por ejemplo, en el caso de los juguetes si le dices que los recoja porque si no se va a tropezar con ellos. Aunque tendrás que recordárselo varias veces. Saber la consecuencia le ayudará a recordarlo.
- Dale opciones cerradas para elegir: No dejes la elección abierta al azar. Siempre que te sea posible es mejor proporcionar las soluciones de las que quieres que escoja una.
- Utiliza frases cortas, habla despacio y da una orden a cada frase: La memoria del niño es muy limitada y si le das varias órdenes no se acordará de todas ellas. Es mejor ir una a una, porque es lo único que va a ser capaz de recordar. Por ejemplo, en lugar de recoger los juguetes, lávate las manos, siéntate a comer. Como hemos visto es mejor darlas de una a una.
- No le pegues, ni le des una bofetada: Puedes conseguir tu autoridad y respeto sin golpes. Es cierto que puede servir momentáneamente para parar un comportamiento que no te guste, sin embargo, en lugar de enseñarle responsabilidad y autocontrol lo que le estás queriendo decir es que pegar está bien cuando estás enfadado y quieres que te obedezcan. ¿Por qué no va a hacerlo si sus padres se comportan así?. Y no es ésta la lección que queremos que aprendan, ¿verdad?.
- Reforzar el comportamiento del niño cuando hace lo que queremos que haga: Exprésale tu alegría por su comportamiento acorde a lo que le has dicho que debía hacer. ¡Qué bien que has colocado los juguetes en el cesto!, ¡Muy bien por lavarte las manos antes de venir a comer!.
Los niños a esta edad tienen un sexto sentido y perciben cuando les falta poco para recibir un castigo. Su reacción va a ser la de "salirse por peteneras" tratando de evitar la situación. No te preocupes por esa reacción, es la forma en la que los pequeños tratan de defenderse cuando ven que se pone en evidencia que han hecho algo mal. Así que no te preocupes, no es que hayas oído mal, sino que el niño ha utilizado su propio mecanismo de defensa.
A esta edad los niños son muy sensibles a las reacciones y comentarios de los demás. Son bastante vergonzosos. Pueden decir ¡No me mires! o ¡No te rías!, por eso debes tener paciencia. Aprender las reglas de la convivencia lleva tiempo y éstas se aprenden en casa a lo largo de los años.